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Fotograma de la película matar a un ruiseñor

No necesitamos una solución, necesitamos un culpable!

Esta frase describe el comportamiento habitual ante un problema. Buscar un culpable, un chivo expiatorio, siempre mejor un culpable y no varios, poder concretar y dirigir la ira en una sola dirección atenúa y aleja la duda y nos descarga de cualquier reflexión adicional sobre el problema, nos libera de la posibilidad de nuestra participación en el problema, el culpable está localizado!. La búsqueda del culpable debe ser rápida y a ser posible el debe formar parte del grupo de culpables  habituales.

Banqueros y financieros.

Los banqueros forman parte del grupo de culpables habituales de las podredumbres de la sociedad, es un grupo que siempre tenemos a mano para culpabilizar de la degradación moral, en otra época los judíos compartían este dudoso privilegió o peor eran judíos y banqueros.

Ya en la Biblia se relatan castigos divinos, reacciones de Dios a los pecados del hombre o de un hombre. El hombre llega demasiado lejos y Díos castigada sus pecados con una hecatombe que lo hace regresar a su condición mundana, apartándolo de un estado de ilusión de semidiós. Cada cierto tiempo el hombre era expulsado de un paraíso para purgar sus pecados. En la época moderna las hecatombes son tragedias provocadas por la naturaleza: tsunamis, terremotos, incendios o por los hombres: crisis económicas, descomposición de  estados, terremotos humanos que generan disturbios sociales, hambre. Detrás de cada tragedia en mayúsculas debe haber algún culpable y un pecado. Una vez castigado el hombre se purga el pecado y todo retorna al principio. Ya tenemos un culpable, nos falta el pecado.

La avaricia.

Deseo desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. Etimológicamente avaricia viene del latín avaritia y esta de avarus la cual proviene de avare (deseo de algo más). Si en la definición de la real academia eliminamos la palabra “desordenado” el resultado seria “Deseo de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”, ¿cuantos no suscribiríamos ser avariciosos?, ¿Cómo los latinos, no deseamos algo más?

La avaricia y Madoff.

Es posible que en caso de Madoff no solo encontremos las avaricia como pecado, también podríamos meter dentro del saco de los pecados la soberbia. Formar parte del club de inversores de Madoff era pertenecer a un club exclusivo y selecto, ser rico entre los ricos. Madoff se aprovechó de la soberbia. En todo caso sobre la avaricia del estafador , el deseo de poseer más que ayer, ¿no podríamos añadir la avaricia de los estafados?, ¿no cojea del mismo pie el estafador y el estafado?, ¿no los podríamos intercambiar?.

La avaricia y la banca.

La banca posee la mágica capacidad de aumentar sus beneficios año tras año, no crea bienes ni productos, realiza fundamentalmente la misma función desde hace siglos, presta dinero a cambio de unos intereses, nada nuevo, a partir de finales de los 90 surge un nuevo tipo de banca, esta si que crea productos, ningún producto es tangible, son productos financieros que no los propios vendedores conocen realmente en que consisten. ¿Por que existen estos productos? por la necesidad de crecer en beneficios, poder ofrecer a los clientes rentabilidades mas elevadas. Los clientes que compraban desconocían realmente de que traban, solo necesitaban conocer el beneficio que les aportaría, solo necesitaban igualar en su avaricia a la del fabricante del producto.

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