El desfile del día de la vistoria

El desfile del día de la vistoria

Este año el desfile del día la victoria ha recuperado el sentido de la época soviética, se ha convertido en una oportunidad de sacar a pasear por la plaza roja, tanques, misiles y soldados clónicos perfectamente sincronizados, un siniestro ballet mecánico verde oliva. Lo único que queda de la época soviética es el desfile de la victoria, lo demás se derruyó o rifó al mejor postor, perdón creo que ni al mejor postor, la rifa estaba amañada, en cualquier caso la exhibición de músculo atraviesa épocas e ideologías.

Históricamente Rusia ha perdido más guerras importantes de las que ha ganado, sobre todo cuando se ha enfrentado a países de cierta potencia, Gran Bretaña, Japón, Alemania, pero… he aquí el error, he escrito “Rusia ha perdido”. Cuando decimos que un país ha perdido o ganado estamos legitimando el discurso y la acción del tirano, quien pierde siempre aun en las guerra que se ganan en los libros de historia es: el hijo muerto, el novio desaparecido, el padre que se queda sin casa, la hija y la madre violada, el primo mutilado, el joven que prometía, los vecinos que ya no están, los hijos que nunca nacieron. El día de la victoria de la Unión Soviética sobre Alemania representa en este caso la victoria de 25 millones de muertos.
En algún lugar del tiempo quedaron 25 millones de gritos de dolor y horror, si los multiplicamos por los momentos de recuerdo de la ausencia, más el dolor de los que quedaron vivos y habrían preferido morir, si toda la energía de ese dolor se pudiese juntar en una milésima de segundo, retumbaría el universo.

De los locos que generaron ese dolor no queda nada. Uno de esos valientes, Hitler, se suicidó en un acto de cobardía debido a que no podía soportar de idea de ser capturado y presentado como el perdedor, se vio incapaz de renunciar a su personaje, el otro, Stalin después de seguir su orgía de muerte unos años más, murió solo en su habitación, nadie se atrevió ha entrar en ella a acompañarlo en su agonía debido al terror que causaba en todos sus súbditos. Hitler y Stalin se admiraban, reconocían en el otro el mismo nivel de fanatismo, de falta de escrúpulos, de apuesta por el “todo o nada”. Por supuesto, estaban lo suficientemente locos como para no reparar en las vidas que se quemarían con su locura. Al fin ya no están, pero no nos debemos preocupar siempre hay sustitutos, quizá sin su nivel, los monstruos mayúsculos no surgen cada lunes, pero siempre habrá alguien lo suficientemente ebrio de poder como para disponer del futuro de los que lo eligieron.

Después de victoria soviética, muchos de los que pelearon por su tierra la perdieron al ser deportados, los que pelearon por no caer en la tiranía del extranjero cayeron en la del paisano, siempre más duradera y mejor soportada por habitual. Los que pelearon por el ideal socialista, pude que con suerte no llegaran a ver que de ese ideal que debía cambiar el mundo ya no queda nada, bueno si, el desfile de la victoria.

Al fin y al cabo nada nuevo bajo el sol, es la historia de los hombres.

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