Jorge Luis Borges en su selva de papel

Jorge Luis Borges en su selva de papel

A menudo nos preguntamos cual es nuestro límite, hasta donde podemos llegar. Estamos bordeando, acercándonos a nuestro límite de una manera más habitual de lo que creemos. La autentica aventura de vivir es ser consciente de que estamos vivos y para ellos debemos alejarnos lo más posible de todos los actos automáticos de las costumbre que nos adormecen y narcotizan. Realmente mientras seguimos vivos todo acto si se vive de manera consciente es una aventura, dentro de aventura también se puede incluir la reflexión consciente.

¿Alguna vez hemos pensado que a nuestro alrededor algo nunca estará a nuestro alcance? pero no como un sueño infantil inalcanzable sino como lo inalcanzable dentro de lo cotidiano. Borges los pensó o quizás los soñó.

Límites

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias,
una que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me ha querido y olvidado;
espacio, tiempo y Borges ya me dejan.

Esta mañana mientras me dirigía en moto al trabajo pensaba que del camino que recorro cada día habrá un trozo de asfalto sobre el que nunca pasaré, que de quien cruza la calle esta será la primera y última vez que lo vea, que de los que veo habitualmente quizás alguna nuca más volveré a ver, que la palabra que quise decir a quien se la quise decir, de la forma que la quise decir ya nunca será dicha. Todos estos pequeños límites nos descubre lo cotidiano como mágico, tan mágico como que mirando las estrellas estamos viendo el pasado, la luz que escapó de la estrellas hace millones de años de estrellas que ahora quizás no existen.

Vivir a pesar de que ya se ha convertido en una costumbre más en una inercia que seguimos después de haber nacido, vivir está compuesto de trocitos de magia, quizás de tanta magia que mejor obviarla para no acabar ciegos de su brillo.

Borges veía esa magia quizás o a pesar de su ceguera, y disponía mayor milagro aun de la capacidad de buscar y ordenar las palabras que nos revelaban esa magia. Palabras que lucen más habladas por el.

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