La emotividad se intenta controlar pero no siempre se consigue

La emotividad se intenta controlar pero no siempre se consigue

¿Como definir a un hombre?, ¿Cabemos en palabras?. Creo que solo podemos hablar de pedacitos de nosotros , de algunas de las partes que mostramos o de las que somos conscientes, cuanto más difícil será por lo tanto hablar de eso que se llama un pueblo o nación, ese montón de gente que vive en un espacio de tierra al que la historia le ha dado un nombre. Alguien dijo que un país o nación es un lugar donde la mayoría comparte las mismas manías, para mí es la definición más acertada. Galicia dentro de las “naciones” Españolas es la de manías más uniformes, al contrario que Catalunya o Euskadi es un país donde no se ha producido inmigración si no emigración, por lo tanto las costumbre autóctonas son un poco las mismas manías de nuestros maniáticos abuelos.

Dentro del mundo gallego la palabra alma es la más adecuada para definir un patrón, un motor invisible, una forma de ser tan etérea como la gallega, no es casualidad que las palabras gallegas más conocidas y de más difícil traducción sean “morriña” o “saudade”, palabras referentes a la añoranza y la tristeza algo tan poco material. Lo gallego para los que tenemos esta ascendencia es un legado pesado y ligero a la vez, pesado por que pone plomo en los pies y ligero por que nos acompaña allá donde vamos sin ocupar lugar.

Saudade, pintura de Alvaro Dobladez http://alvarodobladez.googlepages.com/pintura

Saudade, pintura de Alvaro Dobladez http://alvarodobladez.googlepages.com/pintura

El alma gallega es una mezcla de fatalismo, resignación, aceptación de la tragedia de vivir, pelea por el día a día sin reparar en los pequeños triunfos, utilitarismo antes que estética, renuncia a la pelea, individualismo y al fin y a pesar de todo, alegría ácida.

Lo gallego se ha esparcido por el mundo gracias a la triste incapacidad para prosperar en la propia tierra, la ausencia de espíritu de lucha, el individualismo a impedido crear un país a la altura del nivel que muestran sus emigrantes y galicia a quedado como el pais que espera con calma a sus jubilados, un lugar donde parece que nada se quiera cambiar para que al regreso nos reconozcamos en casa.

Alan Lomax, el más importante recopilador de música popular del siglo XX, dijo tras recorrer España para sus recopilaciones, que los gallegos eran el pueblo más diferente al resto de los que habitaban la península, no lo eran ni por su idioma latino, ni por la raza, lo eran por su forma, su marera de estar en el mundo, una manera tan poco estridente aparentemente pero constante como una gota malaya. Esta alma gallega se esta diluyendo en la manera universal de vivir, galicia ya no es uno de los finisterres de Europa, forma parte cada vez más de un único mundo que entiende muy poco de la palabra alma y si mucho de manias. De todas maneras aun se puede reconocer en sus mayores esa forma de ser que se da tras las montañas que marcan el final de Castilla y el norte del rio Miño.

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