Uno de los actos sociales más importantes, si no el más importante de ellos, en Galicia es un entierro, no hace muchos años la emisora de radio más escuchada en el sur de Lugo contaba con un espacio entre las 14 y 14:30 donde un se listaban los difuntos del día anterior y se rogaba a todos los parientes y conocidos una plegaria por su eterno descanso, muchas veces se ofrecía un autocar para trasladar a los asistentes.

Recuerdo en mis veranos en galicia a mi abuelo escuchando detenidamente este programa para estar al día de los últimos fallecimientos. Si el fallecido era un integrante de la amplisima familia gallega caso todos los adultos asistían al entierro, si era un conocido acudía por lo menos un integrante de la familia a dar el pésame.

Una vez en la misa era más habitual encontrar más gente fuera que dentro de la iglesia, se discutía de temas varios, de lo que había pasado desde la última vez que nos vimos, de como estaba la familia, de como iba la cosecha, del muerto… poco, solo al saludar a la familia del difunto.

Tan importante como la misa del entierro es la misa “do cabo de ano”, misa de cabo de año. Esta misa se celebra al año de morir el difunto. Es habitual que un difunto haya dejado dinero al cura para que ruegue por su alma en un número determinado de misas. Existen leyendas sobre espíritus que persiguen a los vivos que se gastaron el dinero que se debía entregar al cura.

La muerte no es ningún extraño para los gallegos, esta ahí , llegará algún día y nos liberará de los sufrimientos y penalidades de esta vida, pero también nos probará de lo más importante para un gallego, la familia. Al final todos como una condena o una bendición eterna nos encontraremos juntos en e mismo cementerio. Los muertos se entierran pero su espíritu sigue, recuerdo un invierno en galicia donde cada de los mayores que se encontraban en la mesa contó una historia de avistamientos de espíritus, siempre de noche, siempre en la montaña, eran hombre luz, bueno no todo el mundo contó su historia, alguien dijo que no la podía contar, ¿el espíritu le hizo jurar no contarla?

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