Verano, calor, descanso, sombra

Verano, calor, descanso, sombra

Algunas veces percibimos que lo que vamos a vivir es diferente que lo hemos vivido hasta ahora o que a partir de ahora algo ya no será igual o parecido a lo anterior. Este verano es uno de esos momentos que recordaré como una muesca, referencia o frontera entre el antes y el después.

Desde mitad del siglo pasado los que habitamos la parte rica del mundo tenemos un tiempo del año que podemos dedicar al hedonismo a la ausencia de “sobre-obligaciones”, las vacaciones, dentro de este periodo que normalmente cae en verano nos dedicamos a romper con nuestra rutina e instalarnos en otra nueva, la rutina del paso improductivo y amable de las horas, la de obtener la recompensa del trabajo que ya no solo nos sirve para comer sino también para pagarnos nuestro tiempo de vivir “a lo grande”, despreocupadamente.

El verano era la época en la que todo lo bueno podía pasar, donde las costumbre y los cuerpos se relajaban y con ellos las mentes arrastraban a los cuerpos a historias de amor de verano, donde los aviones y los trenes nos llevan a paisajes que nos ofrecen su cara más luminosa, amable y de ellos nos llevamos la ilusión de que los conocemos su tierra y la vida de sus gentes. El calor nos libera de ropa y nos deja más al descubierto. Los frutos han madurado y se nos ofrecen sin los trabajos del invierno. El sol gobierna tirano y nos hace esperar con gozo la noche tibia y fresca.

Todos los veranos indulgentes pasaron. El del 2009 fue el primero de los que se serán los últimos, el primero sin alguien por el que estoy en el mundo.

Ahora se que el verano no es la época que nos trae calor y vacaciones si no que verano son todos los días en los que nos podemos valer por nosotros mismos y en los que los que queremos también se pueden sostener sin sufrir en demasía, los días en los que no pasa nada y en los que podemos ser sin cuidado son verano.

Vienen otros veranos quizás queden los mejores, pero ya en ninguno creo que tendré la sensación del verano de los niños, del verano infantil. Ya nos hemos hecho mayores.

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

“Poemas póstumos” 1968

Jaime Gil de Biedma

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