Barcelona y el mar desde un terrado del carmel

Barcelona y el mar desde un terrado del carmel

El acto cotidiano y continuo de vivir, el mecanismo que nos hace seguir la inercia de el acto iniciado, no nos impide mirar pero si ver que hay alrededor. Subí al terrado a colgar la ropa, subí a finalizar una obligación más de la larga lista de obligaciones de la vida ordenada y cuando colgaba la primera prenda y la prendía al tendedero con la primera pinza miré al lado y vi Barcelona y tras Barcelona el mar y la montaña, no sería sorprendente si no fuera por la extraña nitidez del paisaje y por la luz que hacia visible y clara la ciudad.

EL carmel de barcelona y al fondo las montañas

EL carmel de barcelona y al fondo las montañas

Alguna vez me sorprende la luz, sobretodo en primavera o en otoño, la forma en la que cae la luz me acerca a lo que debía sentir algunos pintores, los pintores pintan luz. La belleza simple e inesperada es un regalo que nos reconcilia con el acto automático de vivir.

Pero muchos miran y pocos ven, la misma luz que me admiró acompañaba la discusión descarnada de un matrimonio que en otra época imagino mucho más amables y cuidados. Y pensé que bajo esa luz, alguien ama, alguien viola, alguien se sincera, otro miente, uno nace, otro muere y algunos tienden la ropa.

Anuncios