7 de febrero. El viento diluyó las nubes, a otras las empujo hacia otras tierras. El sol solo intuido hasta entonces tuvo vía libre para tocar la tierra. Y como casi siempre sin aviso, sin pedir permiso, el azar nos trajo un día tibio que nos reconcilia sin más con nuestra vida en la tierra, otras veces y también por azar poco agradecida y áspera.
La próxima llegada de la primavera se me hizo evidente y bajé después de muchos meses la ventanilla del coche para que circulase el aire al fin más amable. De vuelta a casa “no past land” de  sonaba en el coche. Mi hija la cantaba en su ingles inventado tal como lo hacia en el verano anterior, donde con la ventanilla bajada y después de la siesta, escuchábamos la misma canción en dirección al parque de Quiroga, en galicia “a past land”.

Ojalá siga el tiempo tibio y nos caliente el año y el ánimo.

No fue así, siguió a tropezones el mal tiempo pero ahora, 6 de marzo, los días son más largos, el sol se prepara para reinar y en los domingos como el de mañana haremos excursiones.

Viva el tiempo tibio y los corazones calientes!

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